Pablo

1 Febrero 2007 at 1:49 am (Quienes Fuimos) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

pablo.jpg

(Haz click en el mapa para ver el recorrido animado de la Vuelta al Mundo)

Pablo (Rey) nació en Buenos Aires. Estudió y trabajó como creativo publicitario y en 1992, cuando Argentina comenzaba a repuntar, viajó a Madrid con Aeroflot. El vuelo directo Buenos Aires-Recife-Isla de Sal-Argel-Moscú-Madrid fue toda una aventura: no había películas, no te obligaban a usar el cinturón de seguridad y un ruso borracho le pegó a una azafata. Lo abandonaron en Argel. En ese momento, mientras Argentina florecía, España entraba en una nueva crisis. Pero igual decidió quedarse.

Tras un año y medio como inmigrante ilegal Pablo consiguió su permiso de trabajo y volvió a la publicidad, donde ganó premios de creatividad dentro y fuera de España. Al mismo tiempo empezó a viajar: Croacia (apenas terminada la guerra de los Balcanes), Islandia, el norte de África, Hawaii y Barcelona. La playa, la tolerancia, la belleza del barrio gótico, la Barceloneta y la gente que te habla en castellano si no comprendes catalán fue una invitación a cambiar nuevamente de ciudad.

En Barcelona consiguió trabajo en Casadevall Pedreño, una de las mejores agencias de publicidad del momento, y siguió viajando. Pero sólo tenía vacaciones, que siempre terminan cuando uno comienza a acostumbrarse a la libertad. Estuvo en México, Guatemala, China, Mongolia, Tibet, Japón, Zimbabwe y Namibia, cada vez más lejos, donde aprendió a perderse, a olvidar el miedo a lo desconocido y a vivir el presente.

Antes de suicidar su vida en la ciudad participó como socio en la fundación de El Sindicato, una agencia de publicidad bastante curiosa, donde se dedicó a la creación de contenidos. Mientras desarrollaba un juego de mesa para niños en las oficinas de una promotora de conciertos conoció a una chica llamada Anna. 

 -          No se puede estar así –repetía al televisor que proclamaba noticias que no eran las mías. –Tener la cabeza en un lugar y el cuerpo en otro, olvidar lo importante y elevar los accesorios al nivel de indispensable, ¡soñar despierto y abrir los ojos cada mañana para volver a comenzar como un maldito robot que se levanta con el control automático de la rutina! Entonces tenía un trabajo difícil de abandonar y vivía en un apartamento grande y confortable, pero no era feliz. El precio de la sumisión lo pagaba en frustraciones, estaba siendo infiel a lo que realmente deseaba y había comenzado a engordar.

Jamás olvidaré el lunes, ese lunes no otro, cuando apoyé el cañón de una pistola en mi cabeza y disparé hasta quedarme sin balas, sin detenerme a pensar en lo que hacía para no darle otra oportunidad al arrepentimiento. Era mi despedida del brillante mundo de la publicidad, el planeta donde había vivido durante doce largos años. Pasaban diez minutos de las diez y mis últimas palabras decían, más o menos, ‘quedáos vosotros con el muerto que yo me largo’. Mi cuerpo se desplomó y yo salí por la puerta.

(extracto del libro TODAS LAS VIDAS DEL MUNDO)

(foto: Carlos Holemans)

Escribe un comentario