13- Videos de la fiesta popular en Yavi Chico

26 Mayo 2007 at 15:00 (Rodando por Sudamérica) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

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Cuando avanzamos por la ruta, casi nunca sabemos donde terminaremos el día. Sí, a veces hay un objetivo, un pueblo o un valle, pero la mayoría de los días buscamos dónde dormir cuando el sol comienza a inclinarse sobre el horizonte. El caos y la casualidad nos abandonan en detalles, un pequeño bosque achaparrado en el desierto, una huella incómoda que termina en una playa oculta u otra estación de servicio insulsa pero con baño. A veces dormimos en la nada, aquellos lugares que sólo tienen nombre para los pocos vecinos que se atreven a vivir allí, ermitaños duros y toscos que sólo sonríen cuando el cambio en la rutina les trae alguna novedad inofensiva.

Un par de meses atrás, llegamos de casualidad a Yavi, un pueblo de la provincia de Jujuy, Argentina, donde nos enteramos que al día siguiente comenzaba una fiesta. La fiesta era en Yavi Chico, el hermano menor, un gajo a sólo cuatro kilómetros de pista ondulada.

Yavi Chico es un poblado de unas treinta casas con su iglesia y su pequeño museo antropológico. Los caminos terminan allí, frente a la frontera con Bolivia; las huellas que continúan adelante son el legado optimista de algún gobierno con ganas de trazar líneas en los mapas. ¡La comunicación! El pueblo se encuentra a casi tres mil metros y está rodeado de montes altos. La puna amaga con hacer desaparecer algunas neuronas y el contacto humano responde dudas: ¿todos los habitantes del Altiplano y la Puna viven con resentimiento? No, sólo ocurre en Bolivia. En las alturas del noroeste argentino, los hijos de los pueblos sometidos por los incas y los españoles han olvidado la historia y sólo viven del presente.

En Yavi Chico la fiesta parece casi particular. No hay mucha gente, como mucho unas trescientas personas borrachas de felicidad coreando a los niños cantores de Humahuaca. Viena queda muy lejos. El escenario es un accidente, pocos le prestan atención. A un lado un grupo crucifica corderos mientras los niños, morenos o pálidos, se rocían con espuma blanca de carnaval. Más allá otros grupos challan sus vehículos, sus almas y sus sueños con cerveza y papelitos de colores, pidiendo protección a la Pachamama. Al rato anuncian las carreras de caballos. 

Carrera de caballos… el que llega primero, gana.


 

Carrera de sortija… bajo un arco de tres palos cuelga una pequeña sortija que debe ser ensartada por el jinete al galope con un palillo del tamaño de una cerilla

 

¿Quién arma su montura más rápido? 1… Los asistentes mezclan las distintas partes de las monturas de los jinetes en el suelo. Cuando el caos es suficiente, los jinetes llegan corriendo con sus caballos y deben sus sillas allí mismo. Gana el que termina primero.

 

¿Quién arma su montura más rápido? 2

 

¿Quién arma su montura más rápido? 3

 

¿Quién arma su montura más rápido? 4

 

 

  
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12- Los desconocidos

21 Mayo 2007 at 20:27 (Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

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Un desconocido es una esperanza de sorpresas. Y los países nuevos, están llenos de desconocidos. Habitualmente los desconocidos visten jeans o camisas blancas con delgadas rayas verticales, son borrachos con ganas de cantar o mecánicos tullidos que te ofrecen el antebrazo cuando intentas estrecharles la mano. Su piel exhibe desde el negro puro superviviente a generaciones de esclavos africanos al aséptico blanco nuclear de un albino finlandés. Entonces hay un cruce de palabras, una duda o un gesto capturado por los ojos. Quizás acabas de levantarte y el sol aún te encandila, no estás seguro que lo que salga de tu boca coincida con lo que pasó por tu cabeza. Puede que acabes de pagar la cuenta al camarero y comience a hablar confiado, soplón de barrios ajenos.

-         Deben tener cuidado en Lima –repite protector, con gestos suaves, como si nos obligara a prometerlo. –Los tipos más peligrosos son los que tienen cortes en los brazos. Tajos hechos a cuchillo. Eso dice que estuvieron en la cárcel. Para demostrar que no tienen miedo a nada, antes de pelear se hacen tajos en los brazos y rocían a su enemigo con su sangre. Son gallos bravos. En Lima vayan con cuidado…

Entablar contacto con los desconocidos es una reacción a la soledad, a la curiosidad o a un exceso de estimulantes. La adrenalina sube, es una fiesta popular o simplemente es la felicidad. Estás rodeado por una masa esponjosa de seres humanos que se relaciona en un código levemente distinto. Algo nuevo comienza a pegarse a la piel. Entonces Anna arrima la furgoneta, contenedor de bacterias políglotas e internacionalistas, y nos confundimos con todas las almas que caben entre un pastor sumiso y un asesino en serie. Cada uno tiene su olor, y su historia.

-         En el campo no hay bancos y cuando allí hacen negocios, venden cosechas o animales, aquí llegan mujeres vestidas con faldas enormes que parecen tradicionales. ¡Son falsas! Dentro del banco y sólo cuando están frente a su cajero de confianza, ¡tiran su cartera de charol y empiezan a sacar fajos de billetes escondidos en los pliegues de su falda! –todo lo que esconde la boca, la oreja de turno aparece reflejado en sus ojos. –¡No aceptan cheques en el campo! Cuando vuelven a la calle sus faldas, tan gordas y almidonadas, quedan flaquitas flaquitas.

Todos deberíamos escapar una vez. Pedir prestada una moto, robarla o subir al primer avión, dejar las llaves de casa a un amigo y desaparecer una temporada en un lugar inesperado sin haber vaciado la nevera. Convertirte en el extranjero, el desconocido del sitio donde todos hablan un idioma incomprensible. No, no es necesario inventar una vida nueva, tan sólo hay que tomar unas vacaciones largas y dejar que el camino escoja los desvíos. La soledad abre la boca.

-         Alguna vez aquí hubo mucha más agua –asegura un campesino de camisa clara, pantalones oscuros y manos rústicas frente a un arroyo flaco. –Hace ciento cincuenta años el río era mayor. Ahora solo llueve una o dos veces al año. Eso, cuando el tiempo se equivoca o las nubes están cansadas. Porque usted sabe, este río baja de allí arriba, de la sierra central. Pero, usted quería saber si este camino lleva a la playa. Sí, está a unos ochenta kilómetros. Por allí, si quiere ver, detrás de esos montes, también hay fósiles de ballenas.

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Los desconocidos alimentan. Cada uno absorbe la personalidad del sitio donde crece. Aquí la costa es una pampa de arena que solo produce algunos arbustos espinosos, esporádicamente. Mires hacia donde mires, el color es el mismo, ocre. Las rectas se tensan como elásticos y sólo se quiebran cuando la montaña se empecina y levanta acantilados junto al mar. Piedra. Arena. Espinas. Cactus. Sal. El aislamiento reseca y curte.

-         Si ven a alguien tirado en medio de la ruta, no se detengan. ¡Pero tampoco le pasen por encima! Lo esquivan y siguen sin detenerse, puede ser una trampa para asaltarles. Y si realmente es un accidente con algún muerto, no den aviso a la policía. Su función es encontrar un culpable y el primer sospechoso es la persona que denuncia.

 

Las curvas traen sorpresas. Los cambios de rumbo traen revelaciones. Las reglas cambian. Después de cuatro años enredados en la dialéctica convincente del bife de chorizo, abandonamos el sur de América y volvemos a cruzar una frontera nueva. ¿Cuál de los estereotipos instalados sobre Perú será real? ¿Cuál la exageración de un desconocido con un gran poder de convicción? ¿Habrá tantos ladrones? ¿La policía será tan corrupta? ¿Comeremos tan bien como dicen? ¿La gente será tan cerrada como en el Altiplano? ¿Qué será verdad? ¿Cuál será el detalle exagerado, la excepción derivada en regla tras el encuentro casual con el extraterrestre del pueblo?

 

De momento algunos desconocidos se convierten en nuevos amigos de ruta. Las casualidades varían sutilmente a coincidencias, la sonrisa se mantiene y las palabras brotan fáciles, cargadas de direcciones desconocidas, dudas y diferencias que enlazan la conversación. A pesar del choque inesperado el cuerpo se mantiene relajado. Las excusas mutan a motivos y entonces retorna el viaje, el descubrimiento.

 

 

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