21- Cusco!!!!

24 Agosto 2007 at 16:21 (Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

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Perú, kilómetro 156.880 de la vuelta al mundo.

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-         Hello gringo! Hello! –grita un niño cuando nos ve blancos o rosa pálido o desteñidos, caminando con Dani ‘ahicito nomás’, Pablito y Tati, amigos de ruta por unos días. A su lado, un cartel recuerda que está ‘Prohibido echar basura bajo pena de golpiza’

-         No, hello no –respondo. –Nosotros hablamos español. Los gringos hablan gringlish.

Siempre es divertido confundir a los niños. Al principio del viaje, cuando funcionaba la bocina que replicaba un mugido, explicábamos que en la parte trasera de la furgoneta llevábamos una vaca para tener leche. Cuando los vidrios oscuros se cubrían de dibujos hechos con grasa de dedos y mocos de narices apoyadas buscando una vaca acostada en nuestra cama, nos arrepentíamos. Era nuestro castigo.

Ahora volvemos a divertirnos a costa de la inocencia: el pendiente en mi oreja es una radio y los tigres del zoológico de Buenos Aires se alimentan con niños perdidos. Cusco o Qosqo, nunca Cuzco, es un parque de atracciones cultural con fachada de Disneylandia: las casas coloniales de adobe y tejas rojas que se levantan sobre muros incaicos están en tan buen estado que parecen de cartón piedra.

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Qoriqancha, descripción del mundo inka

 

Machu Picchu maravilla del mundo

 

Celebración del Inti Raymi en Qoriqancha

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Sin contar Machu Picchu hay tantos sitios arqueológicos en los alrededores de la antigua capital que un par de días jamás es suficiente. La proliferación de templos, muros y andenes construidos sin cemento, con piedras engarzadas en piedras, es impresionante. No eran ladrillos intercambiables, aquí cada piedra tenía su sitio y ese sitio era único. Hace seiscientos años este era otro planeta, una civilización que se había desarrollado sin Marcos Polos, sin el comercio con culturas distantes.  

Pero la ciudad, con años de turismo en las espaldas se burla y nos confunde: el servicio de almacenamiento subterráneo de residuos, las calles limpias y la seguridad no pertenecen a América Latina. El cariño de la gente, sí. Perú se hace querer y ninguna sonrisa es interesada cuando te mezclas y te integras en la rutina. Entonces te das cuenta que ya llevas tres meses y que tu visado está a punto de caducar.  

-         Déjenme los datos –dice Franklin. –A ver si les puedo ayudar.

Esta no era la primera vez que lo decía. Benjamín Franklin Olivera, Franklin, es regidor de la Municipalidad de Cusco, una especie de ministro que una tarde nos interceptó cuando intentábamos volver a ver a la alcaldesa para solicitar un pase turístico gratis.

Es un tipo entregado a su trabajo, no ocupa un cargo público para enriquecerse: cualquier persona puede acercarse y pedir algo, jamás tendrá un no como primera respuesta. Y la gente lo sabe, y lo reconoce, y se acerca a saludar incluso en algún bar, cuando intentamos compartir un pisco.

-         Tendrás que usar una máscara para salir a tomar un trago –dice Anna.

-         No me digas… el problema de hacer las cosas bien es que te conoce todo el mundo. Hace un mes me sacaron en la televisión bebiendo un ponche en un palco oficial a la una de la mañana. Dijeron que estaba borracho.

-         ¿Y estabas borracho?

-         Hacía frío y ¡había que calentarse de alguna manera! Tenía que decir unas palabras para cerrar el desfile y el pata que estaba a mi lado no se podía ni tener en pie. Si yo dije alguna tontería o arrastraba las palabras ¡que alguien traiga pruebas! El problema es que ahora me tengo que cuidar más que antes. Antes de entrar en un bar miro a ver si hay alguien conocido… cuando estás en un puesto público ya no puedes salir con los amigos como antes… es una pena.

Franklin es como Juan Pablo, como Verónica, como Oscar o Juan, como tantos peruanos que, sin conocernos, nos abren las puertas de su casa. Algo que en Sudamérica sólo había ocurrido en algunos pueblos de Argentina. Por eso nos sentimos como en casa, por eso ya llevamos tres meses y tenemos que renovar la visa.

 

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Quizás, después de tantas semanas atrapados en ¿la energía? ¿la antigüedad? ¿el laberinto? de Cusco, podría intentar hablar de la ciudad bajo la ciudad. Del espacio menos visible para quienes llegan con el tiempo justo para responder al llamado del imán global, Machu Picchu. Este es otro centro del mundo, un ombligo que atrae a todo lo que hay entre un nómada que sobrevive vendiendo collares y engullendo menús de medio dólar y los ansiosos de cuatro estrellas y solomillo importado al mediodía. En un muro, fuera del centro, hay un cartel que sentencia ‘Prohibido hechar basura o cagar bajo pena de arresto o un baldaso de agua fría’. Busco un poco más y comienzo a creer que en Cusco o Qosqo se encuentran la pobreza real, la pobreza actuada y Bill Gates.

Hay abuelos que sólo hablan en quechua extendiendo una mano arrugada y niños con las mejillas quemadas por el sol a quienes les sale más a cuenta agobiar ofreciendo collares que ir a la escuela. Hay mamitas vendiendo cedés interactivos exquisitamente copiados a diez dólares y mamitas con ponchos y telas dispuestas a presionar psicológicamente en una plaza alfombrada. Chicas en portales de piedra que repiten massage massage o Jungle expedition?, y más niños que piden una propinita a cambio de una canción, una postal o un shoe shine. El salario mínimo del Perú, teórico ya que puede ser menos, es de seiscientos soles, doscientos dólares, ciento cincuenta euros. Unos cuantos turistas pueden gastar eso en un día y es lógico, todo el mundo quiere una parte.

En Cusco o Qosqo hay muros incaicos de sobra y, casi junto a cada uno, hay una mujer o una niña vestida con sus ropas tradicionales y una llama incrédula que se ofrecen como modelos de la vida real. Entonces, por veinticinco céntimos de euro, cualquiera puede acercarse sin sentirse inquieto y sacarse una foto a su lado, sonriendo, para escenificar su unión con la cultura local. Es la Disneylandia cultural, son el Mickey Mouse y el Pato Donald de los Andes, que te observan con timidez.

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Si te gustan las historias ya puedes conseguir nuestro primer libro, La Vuelta al Mundo en 10 Años: Africa. Encuentra más información sobre los puntos de venta en http://viajeros4×4×4.wordpress.com/2007/02/03/la-vuelta-al-mundo-en-10-anos-africa/.  ¡También lo enviamos a todos los rincones del mundo!

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20- A Machu Picchu por la puerta trasera

24 Agosto 2007 at 16:18 (Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

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Retrato frente a la Ciudad Perdida de Perú

 

 

Las restos arqueológicos de la ciudad de Machu Picchu estuvieron perdidos durante quinientos años en la cima casi inaccesible de una montaña. Tercera maravilla del mundo durante las votaciones de 2007, es inevitable plantear un viaje para conocer una ciudad cuyas piedras están unidas sin cemento ni mortero. Es turístico, sí, pero también es algo que todo ser humano debería tener el derecho de contemplar, como Petra en Jordania o la Gran Muralla en China. La mejor época es entre mayo y septiembre, aunque en junio, julio y agosto encontrarás demasiados turistas.

 

No todos los que llegan hasta Machu Picchu tienen los días contados y dinero para gastar. Por eso, aquí van unos datos interesantes con rutas alternativas para todo tipo de bolsillo.

 

·         Si tienes dinero y poco tiempo o si simplemente tienes dinero, el tren desde Cusco que tarda cuatro horas a Aguas Calientes, cuesta entre 48 y 71 dólares ida y vuelta. A ello hay que sumarle el autobús que sube la montaña hasta la puerta del sitio arqueológico, que cuesta unos 6 dólares por trayecto. La entrada a Machu Picchu cuesta unos 40 dólares o 30 euros para los extranjeros, la mitad para los estudiantes acreditados.

·         Si tienes poco dinero y mucho tiempo, puedes ir en transporte público de Cusco a Santa Teresa (termas) vía Ollantaytambo. Y desde allí a la Hidroeléctrica donde comienzas a caminar sobre la vía del tren hasta Aguas Calientes (en tren, 8 dólares por trayecto). Son 12 kilómetros con una leve pendiente ascendente que se recorren en dos horas y media. La última parte de los Jungle Treks que cuestan entre 200 y 250 dólares recorre este camino. En Aguas Calientes se consiguen camas decentes en dormitorios desde 3 dólares la noche.

·         Si no tienes dinero y quieres llegar a Aguas Calientes como sea, la mejor manera es tomar algún transporte público hasta Ollantaytambo y desde allí caminar por la vía del tren unos 30 kilómetros hasta Aguas Calientes. Algunos dicen que está prohibido, otros dicen que no… por intentarlo no vas a ir a prisión. Depende el estado de cada uno, se pueden hacer en dos o tres días.

·         Las lenguas viperinas y tiradores de cartas de algunos albergues dicen que se puede entrar gratis a Machu Picchu por senderos fuera del circuito turístico… Hay que empezar a caminar de noche y con un guía no oficial que cobrará unos 20 soles (5 euros) por persona. Nuestra recomendación es tomar el primer autobús (6 dólares), que sale de Aguas Calientes a Machu Picchu a eso de las 5.30 de la madrugada y guardar fuerzas para recorrer la ciudad y el Huayna Picchu. Y descender la montaña a pie hasta Aguas Calientes.

·         El ascenso al Huayna Picchu es muy exigente y muy expuesto a caídas en algunos tramos y está limitado a 400 visitantes diarios, cupo que a las 9 de la mañana suele estar completo. Vimos algunos abuelos andaluces sufrir mucho en el intento.

·         El circuito que rodea al Huayna Picchu pasando por la Gran Caverna y el Templo de la Luna es un sendero de tres horas que desciende en picado hasta unos cientos de metros sobre el nivel del río y vuelve a subir nuevamente casi hasta la cumbre. Casi no hay terreno llano. En ese par de horas adelgazamos varios kilos.

·         El precio mínimo para hacer el camino inca es de unos 300 dólares por persona y hay que reservar plaza con varios meses de anticipación. El precio incluye el traslado en tren hasta el kilómetro 82 (donde comienza el sendero), guía, porteadores y la comida para el camino. Seguro que es muy interesante, pero los alrededores de Cusco están plagados de sitios arqueológicos impresionantes por donde se puede caminar. Nuestros preferidos son Ollantaytambo, Pisaq, Tipón y Saqsayhuamán. Todos son accesibles en transporte público o taxis que pueden compartirse y el valor de la entrada suele variar entre 2 y 6 euros. La alternativa es comprar el Boleto Turístico que da acceso a sitios arqueológicos y museos de la ciudad durante una semana o diez días y cuesta casi 20 euros.

·         En los meses de lluvias, de noviembre a marzo, es muy probable que el camino del Inca esté cerrado.

·         Para los viajeros con vehículo, hay un circuito demasiado bonito desde Cusco-Urubamba-Calca-Lares (termas)-Quellouno-Quillabamba (termas)-Santa Teresa (termas), donde se deja el vehículo en un estacionamiento. El resto del camino hasta Aguas Calientes está explicado más arriba. La mayor parte de la ruta la hicimos a un promedio de 20 kilómetros por hora. Buena parte tiene un solo carril que avanza junto a un precipicio. Cruza los dedos y ruega no encontrar un camión. El retorno a Cusco se puede hacer directamente desde Santa Teresa a Ollantaytambo (y luego Cusco) vía el Abra Málaga..

Encuentra más historias sobre Perú

 

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19- Recuerdos de Africa. Tanzania.

3 Agosto 2007 at 15:29 (A través de África, Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

 

Hola amigos, desaparecemos por un rato. Vamos a intentar bajar parte del río Madre de Dios en una balsa desde Shintuya hasta Puerto Maldonado. Calculamos que serán unos 15 días, si la balsa aguanta, si no nos comen las pirañas o si no nos clavan una flecha en el culo. Por eso de momento colgamos una historia vieja, de Tanzania. Esperamos que os guste. Hasta pronto, o no! Pablo + Anna

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EN DHOW HACIA LA ISLA DE ZANZIBAR. 

A las dos de la madrugada nos sentamos sobre un tronco húmedo de la playa. No hay luna y tampoco se puede distinguir si el dhow con el que vamos a cruzar el canal de cuarenta kilómetros que nos separa de la isla de Zanzíbar, sigue allí o ya ha salido. Estamos rodeados por una manada de botes varados en la arena que espera una orden para echarse al mar. Todo está en silencio, lo único que se mueve es el océano.

¿Cómo se guiará para ir a la isla? –le pregunto a Anna. –Estos botes no tienen radar, ni siquiera brújula.

No sé… por las estrellas –responde.

Pero está nublado.

Nada cambia y comienzo a temer que no salimos, que nos levantamos tan temprano para ver los reflejos de la espuma durante la noche. A las dos y media se enciende una luz en la choza del capitán. Se abre la puerta y casi al mismo tiempo otras sombras surgidas de la oscuridad empiezan a cargar el dhow con calma.

Una luna desnuda y roja se asoma en el horizonte y cambia la luz de la noche. No hace frío, sólo sopla una brisa suave desde el mar. Aparece Eslabón Perdido junto a otras sombras, las estrellas avanzan en su cuadrante y la luna, que se había ocultado tras las nubes, vuelve para mostrarse blanca. A las cinco de la mañana el dhow está listo para partir. Solo falta la carga humana.

Subimos al bote y buscamos nuestro sitio entre racimos de bananas verdes, cañas para construir chozas, alfombras, cestas de fibra, cabras y gallinas para el mercado. Nos acomodamos sobre unos sacos de patatas y una sorpresa con forma de vela se despliega frente al cielo. El triángulo blanco que se levanta rodeado de estrellas es espectacular. Ahora, comprendo la fascinación de los navegantes solitarios. Nada puede ser más hermoso que el balanceo suave, el rumor del agua acariciando el casco, el silencio del espacio que acoge la vela. Es flotar en un mar de líquido amniótico, estar de nuevo en el vientre de una madre. Todo es paz, todo está bien.

 

Pero, ¿está todo bien? No estoy seguro cuánto tardaremos en llegar a la isla. Habían dicho cuatro horas, pero hace un rato dijeron que si no hay viento tardan doce. Y no, no hay viento. Somos once personas y unos cuantos animales en un bote de diez metros de largo por dos de ancho. No hay motor y la enorme vela latina apenas se hincha. Amoldo mi cuerpo a las patatas e intento dormir.

Al amanecer distingo los rostros de los compañeros de viaje. El timonel es el más llamativo, lleva una enorme pulsera plateada que le atraviesa la piel de la barbilla como un bozal frente a los dientes. Todos son swahili, marineros listillos y curtidos en las trampas del mar: contrabando, robo de pesca y transporte ilegal de extranjeros a Zanzíbar. Cada vez que aparece una botella flotando, un voluntario se cuelga cabeza abajo para levantar el hilo que pende hacia el fondo del mar. A quince metros de profundidad, una cesta con siete u ocho peces aguarda a los piratas.

 

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Los swahili no son una nación. Ni siquiera son una tribu con un antepasado común como los maasai, los beduinos, los zulúes o los san. Son treinta millones de descendientes de una de las mezclas raciales más espectaculares de la historia. Negros de la costa africana del Océano Indico con comerciantes árabes con trabajadores indios con marinos persas con soldados baluchis con algunos negociantes chinos con navegantes de las islas Comores con nómadas somalíes con esclavos del corazón de África con conquistadores portugueses. El resultado de quince siglos de coctail es una nueva lengua, un carácter abierto y una interpretación flexible del Islam.

Su historia comenzó en el siglo VII, cuando los árabes se aventuraron a comerciar con la costa africana empujados por el kaskazi, el monzón que sopla desde el noreste entre noviembre y abril. Llegaban cargados de hachas, espadas, cerámica china, sedas de la India, telas y el recién escrito Corán. El viaje dependía del viento por lo que el retorno era obligadamente entre mayo y octubre, cuando sopla el kuzi desde el suroeste. Entonces, los barcos volvían repletos de oro, marfil, cuernos de rinoceronte, pieles de leopardo, caparazones de tortuga y esclavos. 

Pasaban largos meses entre la ida y la vuelta. Por eso los marinos comenzaron a establecerse, a mantener casas, almacenes y familias. A mezclarse. El color de la piel de los habitantes de la costa se hizo más claro. El cruce cultural fue dando origen a un sentimiento, a una complicidad común. Y un nuevo idioma basado en el bantú pero con palabras extraídas de diferentes lugares, empezó a desarrollarse gracias al comercio y a los dhows.

Jahazi, no dhow –interrumpe uno de los marineros cuando me oye. –Dhow, nombre turistas. Jahazi, nombre swahili

Nuestro jahazi es un superviviente que flota porque la madera flota. Sólo la belleza de su vela recosida y apenas hinchada me hace olvidar todos los posibles desastres que amenazan ésta cáscara de nuez. Las tablas del doble fondo han sido levantadas para acomodar más carga y una importante población de hormigas y termitas camina por la borda sin marearse. Si no consiguen comida terminarán comiéndose el bote.

Una vez por hora, uno de los tripulantes achica el agua que se filtra con medio bidón de aceite para coches. No es muy alentador. Las cuerdas más largas están hechas con trozos sueltos de dos, tres o cuatro metros de longitud. Hace frío y el sol no calienta, aún está bajo, detrás de las nubes. Consigo volver a desvanecerme.

 

(extracto del libro inédito TODAS LAS VIDAS DEL MUNDO)

 

PD:  Si te gustan las historias que estás leyendo puedes conseguir un libro que editamos sobre el cruce de Africa en la librería Altaïr de Madrid y Barcelona. Se llama La Vuelta al Mundo en 10 Años: Africa. Encuentra más datos en http://viajeros4×4x4.wordpress.com/2007/02/03/la-vuelta-al-mundo-en-10-anos-africa/

Y si vives lejos de Madrid o Barcelona, o estás en algún lugar de Argentina, escríbenos a viajeros4×4x4@yahoo.com.

 

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