29- ¡Hay música en la calle!

30 Octubre 2007 at 3:28 pm (Música en la Calle, Vamos hacia Alaska!!!, Videos) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

7 años, 4 meses y 10 días de viaje. 

Los viajes son épocas de descubrimientos. Uno abandona su refugio y, por el motivo que sea, se siente más libre para ir más lejos, romper límites y hacer cosas que no suelen hacerse en el barrio. Basicamente, un viaje es una vida prestada, sobre todo cuando se trata de vacaciones. Es lo más cercano a la vida soñada, uno se saca la piel de todos los días y, por lo general, deja de mirarse un poco el ombligo para observar lo que sucede afuera.

Cada uno tiene un motivo distinto para sentirse entusiasmado por un viaje. Están los que sólo etenden descansar y los que retornan más cansados que cuando partieron. Los que aman observar las piedras antiguas o el arte, y quienes mueren por mezclarse entre la gente. Unos nos arriesgamos más de lo necesario y otros se mantienen en los caminos seguros. No existe una verdad, todo es válido.

En este caso has viajado a Perú. Da igual por qué, pero te has parado frente a un mapa y has dicho: ¿por qué no?. Cuando llegas encuentras muchas cosas nuevas: el sabor de la comida, la mezcla de razas y colores de la gente, los edificios que son más o menos antiguos o descuidados. La forma de vender, el movimiento de las mareas humanas, la manera de mendigar al extranjero, de mirar, la simpatía y la hospitalidad individual, y la agresividad de los taxis… Avanzas por la calle y tu pecho se hincha, todo lo que entra por los ojos se queda en el corazón.

Pero cuando tu pecho se hincha también entra la contaminación que te lleva a fumar sin encender un cigarrillo. Esquivas un puesto de jugos de naranja exprimidos al momento y dudas, tienes hambre pero el carrito que vende sandwiches de cerdo no parece muy higiénico. Los fabricantes de películas tienen todo: de Fellini a Scorsese pasando por Buñuel y el Hombre Araña, por menos de un euro. Te deslizas en una galería, el Hueco, por ejemplo, y encuentras medicamentos falsificados de venta al público. Esto es un caos. Un hombre que camina rápido te golpea el hombro y sientes una mano buscando la entrada a tu bolsillo. Cuando te das vuelta, ya no hay nadie.

Vuelves a la calle, caminas esquivando cuerpos y sales a un claro. Respiras, a veces la marea es agobiante. En el medio hay dos niños bailando. No se mueven torpemente como lo haríamos nosotros, o yo por lo menos. Se agitan con suavidad, estiran los brazos para hipnotizarte como pequeños demonios recién liberados. Y te das cuenta, reconoces, que bailan al ritmo de un cajón y dos botellas de plástico golpeadas contra el suelo. Nada más. La mujer que está atrás debe ser su madre, delgada y descuidada, que saca música africana del asfalto. En Sudamérica.

Ese es otro viaje.

 

Después de 8 días voluntariamente abandonados en una balsa de troncos, el río Madre de Dios nos escupe a la civilización. Del pueblo minero de Colorado viajamos en camión y en bote a motor y descubrimos un pueblo soso. Mazuko, en la ceja de selva, en el límite con los Andes, no parece muy interesante. El mercado se desborda como siempre en la calle y es curioso, la fruta es más cara que en Cusco. También deben sobrar árboles, será por eso que pasan tantos camiones cargados de troncos, será por eso que desangran la selva y los matan tanto. Nada, aquí no pasa nada.

Esperamos aburridos en una plaza, en cuatro horas sale una camioneta que cruzará la Cordillera de los Andes. Viajar en la caja es más barato que en un asiento mullido. Los paseos se repiten. Los niños salen de la escuela. Ya leí cien páginas del libro de Orhan Pamuk. Entro a la iglesia con una estaca de madera, parece que fueras a matar a alguien, a Cristo o al Anticristo, dice Anna cuando vuelvo a la plaza. Busco tapas de botellas raras en la tierra, pero todas son iguales. Entonces aparece un vendedor ambulante, pregonero de los churros calientitos, cantante de la selva.

Domingo en Lima. ¿Vamos a pasear a Rimac? El barrio queda al otro lado del río, cruzando el centro de la ciudad, y nuestros amigos recomiendan ir con cuidado. Subimos una cuesta y, después de pasar frente a decenas de casas descompuestas, llegamos a un pequeño mercado. Tomamos una moto taxi hasta un convento y decidimos no entrar. Ya visitamos demasiados museos religiosos. Volvemos hacia el río a través de una alameda desprovista de álamos. Compramos dos sobres de desodorante en una farmacia. Adelante, la calle está cortada. Una procesión avanza lentamente frente a un supermercado hacia un cartel de cerveza. Los fieles oran, cantan y conversan alternadamente. La banda de música camina detrás de la Virgen, que no tiene prisa.

Hoy es domingo, no hay nada que hacer.

.

 

PD:  Si te gustan las historias que estás leyendo puedes conseguir un libro que editamos sobre el cruce de Africa en la librería Altaïr de Madrid y Barcelona. Se llama La Vuelta al Mundo en 10 Años: Africa. Encuentra más datos en http://viajeros4×4x4.wordpress.com/2007/02/03/la-vuelta-al-mundo-en-10-anos-africa/

Y si vives lejos de Madrid o Barcelona, o estás en algún lugar de Argentina, escríbenos a viajeros4×4x4@yahoo.com.

Permalink 3 comentarios

Entrevista de una hora en la televisión de Perú, Programa 3G

25 Octubre 2007 at 4:06 am (Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

Programa de la televisión peruana, de una hora de duración, donde nos invitaron para hablar acerca de la Vuelta al Mundo, de las aventuras y desventuras, de nuestra vida y la vida de la gente que hemos conocido durante estos siete años y cuatro meses.

Decidimos colgarlo porque ofrece respuestas a tantas preguntas que nos hacen: ¿cómo pagan el viaje? ¿dónde se conocieron? ¿cómo se aguantan 24 horas, 30 días, los 12 meses del año? ¿qué les pasó durante el viaje? ¿el mundo es seguro para viajar?… Arriba está el bloque 1. Esperamos que os guste.

Bloque 2

Bloque 3 

Bloque 4a

 

Bloque 4b

Boque 5

Permalink 14 comentarios

28- Problemas… ¡Séptima temporada!

19 Octubre 2007 at 4:45 am (Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

dsc03556.JPG

Siete años y cuatro meses de viaje, kilómetro 157.973 

Hacía varios años que no teníamos problemas graves con la Mitsu. Intento recordar y sólo me viene a la cabeza el internacionalmente famoso viejo culeao, el mecánico chileno del desierto de Atacama que nos obligó a comprar un motor nuevo a fines de 2005. Con un poco de maña es relativamente fácil desarmar un motor. Volverlo a montar ya es otra cosa, siempre te sobran piezas.

Esta vez, la historia comienza después de dos semanas y media en Lima. Dos semanas y media cargadas de smog, bocinas de autobuses y taxistas con síndrome de abstinencia, de sexo o de lo que sea, yonkis enfurecidos al volante buscando un camello por dos soles. Nada, basura ruidosa y descartable que se separa de la aureola de los nuevos amigos, artistas que convierten la vida nublada de Lima con una sonrisa, un café con leche o una tarde sobre un arroz con mariscos de nombre raro. Pero este es otro tema: tengo un problema con los nombres de las comidas peruanas, no se parecen a nada que haya probado antes…

Lima tiene un problema jodido: durante ocho meses al año vive oculta bajo un manto de nubes. La humedad es tan intensa que la ropa colgada en una cuerda tarda dos días en secarse. Sientes que el moho se multiplica en tu piel, sopla un poco de aire marino que te enfría los pulmones y ya estás engripado. Es la venganza de los incas, convencer a los conquistadores para construir su capital en un sitio sin sol, una condena que alcanzaría a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, y así etcétera hasta el final de los días.

Pero nosotros, y la Mitsu.

Esta es una historia escrita en tiempo real. Ya son las primeras horas del 19 de octubre y hace poco que llegué a Lima en un autobús apestoso cargando una mochila pequeña y una barra de torsión castrada. Ayer, 17 de octubre, subíamos felices hacia el Callejón de Huaraz, buscando un sitio donde pasar la noche cuando de repente la furgo hizo CRACK!!!… y se quedó coja. Doscientos metros atrás había quedado la ermita de la Virgen de Lourdes, donde decenas de camioneros se detienen todos los días para encender una vela y rogar por su salud en el camino. Nosotros habíamos pasado de largo y parecía que a la virgen no le salían las cuentas.   

Aparcamos en el arcén de tierra y descendemos. Anna todavía se está recuperando de un principio de gripe que no quiere ceder. Me alejo y observo la furgo, la rueda sigue en su sitio pero la carrocería está mas baja. Me arrodillo sobre la tierra y busco debajo, algo se rompió, todo está pegado, más junto… Anna, que se había alejado unos metros por la carretera, vuelve con un pedazo de fierro en la mano. Está caliente. Es un trozo de la barra de torsión… y su soporte…  Mierda. Esta sí que es una avería nueva, nunca nos había pasado algo así en siete años de viaje.

En los siete años de ruta tuvimos algunos problemas graves. Perdimos la tapa del filtro de aire en el Sahara de Sudán y nos quedamos tirados en medio del desierto con el motor inundado de arena. Junto al lago Turkana, en Kenia, el agua hizo que se doblara una biela y tuviéramos que hacer 800 kilómetros para buscar un mecánico. Esa fue la ida, porque hubo que volver y durante el retorno tuve el dudoso honor de ser galardonado con once pinchazos en un sólo día. Años más tarde se nos congeló el motor en el Altiplano boliviano, a 4.500 metros de altura. Y la hospitalidad boliviana se hizo presente cuando los vehículos que pasaban nos miraban y se negaban a ayudarnos: éramos blancos, ahora nos tocaba jodernos a nosotros, en representación de todos los blancos del planeta. Luego pasamos setenta días en el desierto de Atacama, esa es la historia del famoso viejo culeao. Siempre, cada vez, luchamos para salir adelante, contra la mala suerte y el supuesto destino. Eramos como la Pantera Rosa perseguida por la nube: no importa hacia donde te dirijas, aunque tengas un paraguas te lloverá sobre la cabeza.

Esta vez el motor funciona, ¡aleluya hermanos!, la avería no es tan grave, pero si avanzamos en éstas condiciones podemos romper algo más. Hay que pensar, tomarse las cosas con calma. Recuerdo, si me hago demasiados problemas la mala suerte se ensaña y te juro que no hay nada peor que una mala suerte con mala leche. Calma, hoy no podemos hacer nada, está anocheciendo y la barra de torsión ya está fuera. Calma, mañana será otro día. Bajemos doscientos metros lentamente, muy lentamente, y durmamos junto a la Virgen de Lourdes. Y busquemos una vela, con todo lo que llevamos, joder, ¡tiene que haber una vela en algún sitio!.

Apenas amanece salgo caminando hacia el pueblo más cercano, Raquia, a 6 kilómetros, donde hay un teléfono rural. Casi no circulan vehículos y recuerdo lo duro que es hacer dedo y que nadie se detenga. Por lo menos el paisaje es bonito. A través de Lucho, nuestro anfitrión en Lima, consigo hablar con un mecánico que asegura que puedo mover la furgoneta siempre y cuando el neumático no toque la carrocería. Y avanza despacio Pablo, sobre todo, avanza despacio. Vuelvo a buscar a Anna en un camión de combustible y volvemos a Raquia tan despacio que hasta los camiones cargados nos pasan con sorna. 

Media hora más tarde aparcamos junto al restaurante de carretera del pueblo de Raquia. Dos viejitos se acercan para repetir que no debo preocuparme: eso no es la ciudad, es un pueblo tranquilo, no pasará nada. No pasará nada, pero igual debemos separarnos: uno de los dos debe quedarse con la casa mientras el otro sale a buscar ayuda, o una solución. Anna se queda, yo tomo el autobus apestoso con vendedores ambulantes empecinados en vender el mágico Vicks Vaporub local, que sana todo tipo de afecciones musculares y respiratorias causadas por el cambio climático. Seis horas más tarde vuelvo a Lima, la nublada. Los amigos dicen que a fin de año saldrá el sol.

Lo primero es lo lógico, llamar a Mitsubishi Perú, donde aseguran que no tienen recambios de nuestro modelo porque no existe en Perú. Eso también es lógico. Que se puede importar, pero tarda un mes. Japón está demasiado lejos. Y entonces, ¿qué hacemos?

En mi cabeza comienzan a multiplicarse las opciones: contactar con Mitsubishi España a través de Remo, su agencia de publicidad. Buscar recambios similares de otras marcas. Viajar 1.800 kilómetros al sur, hasta Iquique, en el norte chileno. Allí seguro que consigo la barra de torsión. O quizás en Tacna, a sólo 1.000 kilómetros, creo recordar que allí también hay muchas Delica, igualita a nuestra Mitsu, pero con el volante a la derecha. Son los restos de las flotas coreanas y japonesas, minibuses con los laterales llenos de garabatos orientales, dados de baja tras cinco años de trabajo en el civilizado oriente y enviados a Bolivia, el norte de Chile y el sur de Perú. Puedo traer la Mitsu a Lima en una grúa-ambulancia, pedir ayuda al Touring Club de Perú a través del Fitac. ¿Y si un tornero hace la pieza? Observo la barra castrada, no creo, parece una aleación especial. Soldar, propone un mecánico vecino; sí, pero la barra puede volver a romperse en cualquier momento, en cualquier lugar, en una semana o en un mes. Necesitamos la pieza original, la que no existe en Perú. 

Una de las preguntas que la gente nos repite es cómo salimos de los problemas cuando se presentan en sitios inesperados. Hasta un año atrás el proceso era desesperante, una mezcla con pequeñas dosis de ilusión y una gran acumulación de frustraciones. Amamos nuestra furgo, es nuestra casa con ruedas, nuestra Mitsu, nuestro hijo que alguna vez nos da dolores de cabeza. También es cierto, le exigimos mucho. No es un modelo muy común y las piezas son difíciles de conseguir, por eso llevamos con nosotros el motor viejo completamente desarmado: bomba hidráulica, de inyección, turbo, piñones, correas, disco de embrague, plancha, inyectores, calentadores, pistones, bombín de embrague… es mucho peso, pero es mejor que quedar varado y vivir momentos de incertidumbre como éste. Y ahora, ¿qué hacemos?

ANTE TODO MUCHA CALMA, decía una camiseta que llevaba cuando comenzaba mi vida en Madrid. Los nervios y la prisa sólo atraen a la mala suerte. Y si la mala suerte se ceba, ¡estás jodido chaval! Lo mejor es ignorarla, no pasa nada, aunque pase.

Hoy, 19 de octubre, salí temprano de la casa de los amigos de Lima para visitar personalmente la oficina de recambios de la sede central de Mitsubishi Perú. Nada, que con una soldadura especial puede durar hasta seis meses, tiempo suficiente para recibir el recambio original. A veinte cuadras están las oficinas de Suzuki y Chevrolet. Media hora más tarde confirman que sus barras de torsión son distintas. A cien metros están las oficinas de Hyundai, a esta altura con preguntar no pierdo nada, sólo puedo acumular cansancio.

- Pero aquí sólo tenemos recambios de Hyundai.

- Ya, pero quien sabe, quizás es mi día de suerte…

Cinco minutos, diez, quince minutos. El empleado vuelve con una barra de torsión, de lejos parece igual, pero no lo es. Es cinco centímetros más larga. Casi. Paciencia. Quizás no sea mi día de suerte… ¿Y ahora?

- Vete a San Jacinto, allí venden recambios de vehículos robados. Sí, los desarman y los venden allí. Pero no vayas solo. Pero… a ver… espera… esa es la barra de torsión izquierda. Veamos como es la derecha.

Cinco minutos más tarde llega la barra derecha. Es idéntica a la izquierda de la Mitsu. Parece que esta vez el Dios de los cuatro cuatreros se puso de nuestra parte y los problemas desaparecieron pronto. Es curioso, a veces, cuando esperas algo, no aparece nada. Y cuando no esperas nada, aparece la solución. Esto es un trabalenguas, un rompecabezas. Que bueno, que bueno, que bueno que bueno. Que bueno. 

En Lima comienza a salir el sol. Llego a la casa de nuestros amigos, los Rubiño Albrizzio, y la abuela Raquel ya está preparando el almuerzo: charquicán de atún. Todos saben que conseguí la barra de torsión, se me nota en la sonrisa tonta. Hoy todo me parecerá bien. Como con Rita y Lucho, me despido de Vero, la hija mayor, la que nos invitó a entrar en la familia. Luchito, Gustavo y Arturito llegan y se van. En la puerta, me encuentro con Vivi y Cecilia, las dos que faltaban. Todos, demasiado.

A primera hora de la tarde busco un autobús, un colectivo, una micro o un omnibus para volver a casa. Volver a casa, que raro que suena.

.

 

PD:  Si te gustan las historias que estás leyendo puedes conseguir un libro que editamos sobre el cruce de Africa en la librería Altaïr de Madrid y Barcelona. Se llama La Vuelta al Mundo en 10 Años: Africa. Encuentra más datos en http://viajeros4×4x4.wordpress.com/2007/02/03/la-vuelta-al-mundo-en-10-anos-africa/

Y si vives lejos de Madrid o Barcelona, o estás en algún lugar de Argentina, escríbenos a viajeros4×4x4@yahoo.com.

Permalink 7 comentarios

« Artículos anteriores