94- Tradiciones wayúu de la muerte

27 Octubre 2009 at 15:54 (Mas historias de la Vuelta al Mundo!!!, Rodando por Sudamérica, Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

 
El viaje más largo

El viaje más largo

Las mujeres wayúu, cubiertas con sus vestidos largos, blancos o estampados con colores vivos y flores, se mecen una barba inexistente mientras comentan las novedades en un rincón de la ramada. Sus rostros están libres de pelo, pero igual se estiran mi barba. Dos alijuna acaban de llegar. Sus ojos negros como el carbón observan registrando todo, sin vergüenza, sin recato, sin la distancia que te enseñaron en tu ciudad.

Entonces todo vuelve a ocurrir al revés. Llegas para sorprenderte y sorprendes, llegas para ver y eres el observado. Te acercas al grupo, quince mujeres, que preparan un fuego para cocinar en el  rincón de una gran ramada y te conviertes en objeto de estudio y disección a pocos metros de distancia.

-          Antushi, bienvenido –declara una mujer de unos sesenta años que se acerca hasta nosotros en la pequeña comunidad de Paraíso.

Hace diez minutos nos desviamos del camino principal de arena buscando un almacén, un sitio donde comer algo. Chivo asado sería perfecto.

-          Anayaguatsá, gracias –respondo en wayúu.

-          ¿Cómo te llamas? –pregunta la mujer.

-          Pablo. Ella es Anna.

Entonces otra mujer comenta algo en su idioma, y ríe. Pero es la única que ríe. Lo único que entiendo es Pablo Escobar. Ya no es gracioso.

El narcotraficante Pablo Escobar, el patrón, muerto durante un operativo policial en 1993, sigue provocando lágrimas sinceras entre muchos colombianos. Sin duda, fue un asesino y traficante internacional brillante, un gran cabrón. Pero también supo ganarse el aprecio de la gente común, ocupar los espacios descuidados por el gobierno y apoyar a los necesitados con sueldos o ayudas puntuales. Colaboraba con el presupuesto de los pueblos con dinero, con obras públicas y conteniendo a los criminales que se desmadraban. A cambio sólo demandaba lealtad por eso la gente, el pueblo, lo llamaba el patrón. Pablo Escobar mandaba más que la policía, más que los políticos.

-          Yo me llamo Mercedes.

Entonces me doy cuenta que estamos en un cementerio. La puerta que acabamos de cruzar no da al terreno de una casa, da a un grupo de tumbas. Al fondo hay otro grupo más grande, de vivos y muertos.

-          Estamos recordando a nuestra abuela que murió hace seis meses. La anciana era una mujer excepcional. La queríamos mucho. Por eso nos juntamos aquí, toda la familia. Ellas vienen de Venezuela, viven en Maracaibo. Ellas de Maicao. Yo vivo aquí, en Paraíso.

Paraíso debe ser un buen sitio para iniciar el camino de la otra vida.

La tradición wayúu de la muerte está llena de rituales, de enterramientos, desenterramientos y nuevos enterramientos, de comidas familiares en el cementerio regadas de chicha, chirrinchi y whisky y niñas virgenes, puras, encargadas de juntar los huesos.

El primer entierro se realiza en una tumba común construida con cemento y decorada con azulejos, mármol o piedras, al gusto de la familia. A su alrededor se deja una vasija con agua semienterrada y todos los elementos que el muerto hubiera querido llevar consigo: sus galletas preferidas, su Biblia impresa por los Testigos de Jehová en wayunaiki, su primera foto o una botellita de chirrinchi, el alcohol de caña tradicional wayúu. El día de la despedida todos se reunen alrededor de una gran comida de chivo asado, pescado frito, puré de maíz, patatas hervidas y sopa preparada por sus familiares más cercanos, que deben alimentar a los invitados. Los hombres y las mujeres se reunen separados en ramadas familiares mientras la chicha y el chirrinchi apoyan los efectos del whisky.

Luego, cada seis meses, cada año, cada dos años, la familia vuelve a encontrarse en el cementerio para hacer una gran comida de varios días en memoria del difunto. Hasta que, entre los cinco y los diez años de la muerte, se haya juntado el dinero suficiente para el segundo entierro, el más importante. Entonces, en medio de un gran encuentro que puede reunir cien, quinientas o mil personas, Una chica virgen debe abrir la tumba y sacar los huesos del difunto para colocarlos dentro de una tinaja de cerámica, que será el sitio de descanso definitivo.

Luego de acercarnos a la tumba de la abuela, una chica con el rostro pintado de negro nos acerca el primer vaso de chirrinchi.

-          ¿Por qué llevas el rostro pintado de negro? –le pregunto.

Pero la mujer se limita a ofrecer los vasos al alijuna. No habla, no dice nada, ni siquiera responde a mi pregunta. Es posible que no hable castellano. Su timidez es enorme. Cuando Mercedes se acerca con un par de platos de pescado frito y puré de maíz, vuelvo a preguntarle.

-          ¿Por qué algunas mujeres llevan el rostro pintado de negro? ¿Es una tradición? ¿Están en una etapa especial de su vida? –los niños masai llevan una vestimenta y una pintura facial distinta cuando están pasando de la niñez a la edad adulta.

Mercedes me observa extrañada, y sonríe.

-          Eso se lo ponen en el rostro para protegerse del sol. Aquí el sol es muy fuerte.

Y ríe, y yo le acompaño avergonzado.

-          Lo que se ponen en el rostro es una mezcla de sebo de cabra con polvos de un hongo que crece durante el invierno. Lo recogen del suelo cuando ya está seco, y lo guardan hasta el momento en que necesiten usarlo. Entonces lo muelen hasta que se convierte en polvo y lo mezclan con el sebo de cabra, grasa del estómago, que es de donde sale más puro.

Crema solar, crema solar tradicional.

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93- Buscando un barco para cruzar de Colombia a Panama llegamos a uno de los últimos sitios vírgenes de Sudamérica

12 Octubre 2009 at 19:25 (Mas historias de la Vuelta al Mundo!!!, Rodando por Sudamérica, Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

Hombres wayúu destripando tiburones

Hombres wayúu destripando tiburones

Sí, debo aceptarlo y sin ofenderme. Anna es una mona blanca de ojos claros. Yo soy un mono con barba de chivo. Así funcionan las descripciones en las sociedades originales, las que no han sido demasiado contaminadas por la civilización del plástico.

Sin haberlo previsto, sin querer, sin buscarlo, habíamos llegado a uno de los últimos sitios vírgenes de Sudamérica. Y no estábamos en el centro aislado de la Amazonia, la selva había desaparecido bajo una capa de arena y arbustos espinosos. Era la península de la Guajira, desierto a los pies del Caribe, donde algunos amerindios Wayúu aún se sorprenden de ver gente de piel blanca.

Gente de ojos claros, como los españoles que llegaron en carabelas, las naves espaciales del año 1500. Como los holandeses que desembarcaron desde Aruba o los Marín (tribu familiar castellana) que llegaron desde Margarita cuando Colombia ya era una república independiente. Todos blancos, todos alijuna que encontraron una tierra hospitalaria donde intercambiar productos y propagar sus apellidos gracias a la poligamia tradicional y los matrimonios de conveniencia. Como en la cultura árabe, entre los wayúu cada hombre podía tener (o comprar a cambio de dinero o chivos o mercadería) la cantidad de mujeres que pudiera mantener.

Podía, porque la mayoría de las mujeres wayúu ya no acepta ser parte de un acuerdo comercial que excluya su opinión.

 

Yo, tú, nosotros, todos los extranjeros no wayúu somos alijuna. Da igual si tus rasgos externos dicen blanco, negro, indio, chino o marciano. Yo, el de la barba de chivo, soy eshi wanee alijuna mushi asin, shulima caula. O algo así.

Es uno de los descubrimientos en Puerto Nuevo, mientras esperamos primero a José Luis González, representante de la agencia marítima y luego a Benny, Benny a secas, dueño de un par de barcos que viajan regularmente a Panamá. Y lo aprendo cuando volvemos a la furgoneta y la encontramos rodeada de estibadores curiosos.

-          Hola, ¿cómo están? –saludo y sorprendo a un grupo grande de wayúu, de no alijuna, con la nariz pegada a los vidrios de la furgoneta.

Puerto Nuevo es un sitio perdido en la alta Guajira, realmente un puerto reciente de barcos de carga que zarpan vacíos para volver llenos de mercadería de la zona franca de Panamá. Vacíos, esa es la palabra mágica, la que nos puede ayudar a cruzar la selva del Darién, ese trozo de tierra inundado que incomunica Colombia y Panamá. Que corta la ruta Panamericana. Que separa Sudamérica de Centroamérica.

-          Anashi –responde uno de los curiosos rápido, sobresaltado. Y se corrige –bien.

-          Entonces anashi significa bien –digo.

-          Sí –responde el wayúu, sonrojándose.

En ese momento, cuando otro hombre señala la pegatina del toro español adherido a la puerta trasera, comenzaron nuestras primeras clases de wayunaiki.

-          Páa. Páa –repitió.

-          Toro. Paaaa –digo.

-          No, paaaa no –dice el hombre. –Páa, páa. Vaca.

-          Paáh –digo. Aunque me equivoco, aunque ponga el acento en otro sitio y los wayúu se rían, parece fácil. Si uno le pone un poco de ganas, aprender las bases de otro idioma es fácil.

-          Bulico –dice otro hombre señalando la pegatina del burro catalán.

-          Bulico –repito, ese es más fácil. Debe provenir del español, borrico.

El wayúu que no ríe, sonríe. La sorpresa de los estibadores por encontrar extranjeros accesibles es auténtica e impagable. Entonces nos rodean y comienzan a describir la furgoneta en wayúu, esperando que repitamos sus palabras. Todas, palabras nuevas, letras unidas de forma aleatoria que finalmente cobran sentido en la Alta Guajira. Sin duda, es uno de los mejores momentos de todo el 2009.

-          Anásh piá?, anásh piá?, ¿cómo estás? –pregunta un hombre señalándome. Entonces apoya su mano firme sobre mi pecho y dice –anásh tayá.

-          Anásh tayá –digo. –Bien, muy bien –repito en castellano. –Anásh piá? –le pregunto.

-          Anásh tayá –responde.

El wayúu tiene una sonrisa tan grande como un portón abierto. En España, en Argentina, en Latinoamerica, tenemos demasiadas palabras inglesas metidas en nuestro vocabulario cotidiano, stress, parking, camping, ticket, compact, ipod, gay, backstage, ranking, zapping, poster, lifting…

Aparte de las palabras propias de nuestra tierra, y de las palabras impuestas por la globalización en inglés, ¿por qué no provocamos concientemente el uso de palabras de idiomas desconocidos? Pero no cualquier palabra, palabras elegidas simplemente porque suenan bien, porque provocan algo bonito en el estómago cuando las escuchas.

-          Chipi chipi –dice el niño wayúu levantando un balde lleno de pechinas, de pequeñas almejas de playa.

-          Chipi chipi –repito. Y me gusta.

 

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92- El día que nos comimos a los niños (La Vuelta al Mundo en el Centro Comercial Guatapurí, Colombia)

4 Octubre 2009 at 22:12 (Empresas amigas, Libros, dónde conseguirlos, Mas historias de la Vuelta al Mundo!!!, Rodando por Sudamérica, Vamos hacia Alaska!!!) (, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , )

 

La Vuelta al Mundo en el Centro Comercial Guatapurí Carrefour, Valledupar

La Vuelta al Mundo en el Centro Comercial Guatapurí Carrefour, Valledupar

Y mientras esperábamos una nueva fecha de partida del barco de carga que nos llevaría a Panamá, y pensábamos si valdría la pena volver a recorrer asfalto ya marcado, y descartábamos la idea por obvia, y atravesábamos un nuevo desierto de arbustos espinosos y pueblos sencillos repetidos una y otra vez hasta que los números del tablero se acercaron al millón de kilómetros, llegamos a Valledupar, a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta. ¿Y qué hay en Valledupar?

No sé, lo más cercano sería responder esperanza, esperanza de algo. La gente nos interrumpía mientras contábamos retazos del viaje como carniceros que ofrecen los mejores cortes de una hermosa vaca descuartizada. Algunas historias terminaban, pero muchas quedaban inconclusas. Había algo más importante, preguntas con respuestas obligadas, orgullo de provincias hurgando en la opinión de dos extranjeros, ¿Qué les parece Valledupar?

-          Hermosa, pero hace demasiado calor, ¿no te parece? -¿qué vas a decir?

En Valledupar hay una orilla larga junto al río Guatapurí donde las familias se encuentran para beber cerveza los sábados y los domingos, un centro despintado y bullicioso, un parque con juegos hechos con materiales reciclados bautizado Escuela Ambiental del César, un grupo grande de amerindios arhuacos que pasean por el pueblo-ciudad en sus ropas tradicionales, una fábrica grande de leche en polvo Nestlé y hasta un centro comercial con un gran hipermercado Carrefour recién inaugurado donde contar historias. El Guatapurí.

Donde apareció la mujer gorda que quería montar hipopótamos, y el freak de turno que se proclama Napoleón, y los taxistas aburridos que esperan al próximo cliente cargado de bolsas de plástico, y los chicos que escuchan algo que nunca les habían dicho y se rascan los bolsillos para comprar una postal compartida, y las periodistas de la televisión que te prometen la entrevista en un cd y siempre te mienten, y el abuelo que vuelve con los nietos, y las familias atraídas por el imán de la curiosidad y otra vez la misma pregunta, siempre la misma, repetida incansablemente a lo largo de Sudamérica con distintos acentos, una pregunta más importante que los porqués, más importante que el sentido de la vida: ¿no tienen hijos?

Entonces Anna se descuelga con una novedad sorprendente. Los gringos son gente rara. 

-          ¿Conoce el dicho que afirma que a los hijos te los comerías cuando son chiquitos y  cuando son grandes te arrepientes de no habértelos comido?  Bueno, nosotros no queríamos arrepentirnos. Nosotros nos los comimos, hicimos un asado.

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