(Dedicado especialmente a todos los latinoaméricanos que crecimos viendo al Chapulín Colorado en la televisión. En realidad, esto era un chapulín colorado)
Y hablando de experiencias, antes de meternos a bucear en los cenotes de la península de Yucatán pasamos por Oaxaca. Veníamos de Antigua, en Guatemala, y la comparación era inevitable. A primera vista, a pesar de los tesoros escondidos entre los pasajes de Oaxaca, Antigua salía ganando.
Entonces decidimos perdernos (es la mejor manera de sorprenderte) y las curvas de las calles nos llevaron a la puerta del mercado. Entre los pasillos oscuros, después de la carne degollada, la ropa de niños y las cestas de mimbre hay una señora sentada sobre una banqueta. Sobre sus piernas hay una fuente llena de algo marrón. Algo con patas.
Proteínas.
Chapulines. Saltamontes. Una botana, un pica pica mexicano, ideal para los ratos libres y el hambre de media mañana. Las patatas fritas del sur. Es fácil, te meten cien, doscientos gramos en una bolsita de plástico y paseas desmembrando y devorando insectos por la calle.
- Se comen enteritos –me dijo la señora. –Que no lo vea tirar cabezas por ahí.
A ver: no saben mal, no saben a insecto. Como las patatas fritas, vienen en sabor limón y sabor picante. El problema ocurrió días más tarde.
Mientras tanto, una receta fácil para aquellos amigos que tengan una red y grandes cantidades de saltamontes cerca de casa.
Chapulines al mojo de ajo
Chapulines, ajo picado, aceite de oliva, sal y pimienta.
Sumerja el ajo picado en el aceite de oliva hasta que se macere; una vez que el ajo esté blando, exprímalo sobre los chapulines y posteriormente fríalos en el aceite. Agregue sal y pimienta al gusto.
El problema no fue de antenas. Ni de patas o alas. Ya lo dije, los chapulines no saben mal, es más saben bien. A limón. A algún otro picante fuerte que recuerdas durante un buen rato. El problema ocurrió el día que decidí investigar.
Tomé uno de esos insectos que venía devorando sin piedad como una nueva y curiosa rutina excéntrica y lo partí al medio. No debí hacerlo.
El interior, una masa espesa y negra del tamaño del hueso de una aceituna, fue cambiando de formas irregulares entre mis dedos. Tripas, corazón, pulmones, carne quemada, todo se reducía a esa masa espesa, negra y modeable que me parecía rico. Conclusión: si algo te parece rico, no investigues de qué está hecho.
Al día siguiente cambié de rutina excéntrica. Me fui a buscar botellas antiguas por los negocios más viejos de la ciudad.
- Chapulines, las patatas fritas del sur.
- Venta de chapulines en el pasillo del mercado principal de Oaxaca
- Demasiada poca luz…
- Demasiada luz… la cruda verdad.









Tuviste suerte con la búsqueda de botellas? Yo lo de los chapulines a unos cuantos no les haría demasiado asco, pero tampoco me llenaría el buche con ellos. Un abrazo aventureros!!!
Txema
Publicado por Txema | 27 septiembre, 2010, 7:56Hola Txema! Para la búsqueda de botellas antiguas le tengo fe a los desiertos del norte… a ver, ojalá!
Publicado por viajeros4x4x4 | 28 septiembre, 2010, 16:22ke asko como puede la gente comer eso por dios
Publicado por javi | 11 marzo, 2011, 8:39¿Como puede la gente comer gambas, langostinos o cigalas? “Ke asko por dios, soy cort@ e incult@ y desprecio lo que no conozco” Que pena da la gente a veces. Pienso prepararme un delicioso plato de saltamontes/chapulines esta misma primavera.
Publicado por César | 28 marzo, 2011, 22:00es muy nutritivo mas que otra comida
Publicado por collello | 22 septiembre, 2011, 2:46Pues yo soy de México y creo que no hay diferencia entre comer chapulines y algunos bichitos que provienen de la poderosa tierra y se alimentan de hojas o cosas que hay en los bosques a comer carne de res o pollo o de cerdo que ve tu a saber cuanto tiempo lleva congelada o que fue lo que comio antes de ser “sacrificado”.
Asco me da la gente que come en el restaurante de la “M” amarilla o del Coronel de Kentucky. Vaya chasco que te llevas en esos sitios.
Al menos los bichos no tienen nada que esconder.
En fin, los seres humanos nos jactamos de tener un amplio conocimiento gastronomico y siempre se nos olvida que solo somos necrofagos.
O acaso alguno se ha tomado la molestia de cazar su alimento y comerlo aun fresco o vivo? Más de 100 millones de especies que hay en el planeta no pueden estar equivocadas, en lo que respecta a la comida los seres humanos estamos en pañales.
Un saludo desde mi cocina y abrazos para todos
Publicado por Phobos_EX | 3 diciembre, 2011, 4:07Totalmente de acuerdo Phobos. Gracias por ampliar la historia, buen comentario!
Publicado por viajeros4x4x4 | 3 diciembre, 2011, 18:45Yo soy Mexicana, y la verdad, no comería chapulines, no porque me de asco ni mucho menos, pero, hay gente que come ratas o cosas por el estilo, las culturas son diversad, y no todos los Estados de México somos iguales. Yo les sujiero que investiguen otras partes de mi México bonito, y tengan un bonito día.
Publicado por Denisse Matta | 6 diciembre, 2011, 21:33Que rico, con guacamole y una tortillita recién salida del comal!
¡Viva México!
Publicado por María Curts | 12 diciembre, 2011, 17:56